lunes, mayo 23, 2022

Por qué cantar y gritar implica un aumento en el riesgo de contagio de coronavirus

Según declaraciones de la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti, elevar el tono de voz aumenta las posibilidades de propagación del virus.

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Como todas las mañanas, la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti, dio el reporte del Ministerio de Salud, sin embargo, una de sus declaraciones llamó la atención respecto a la trasmisión del virus, puntualizando como peligrosas “acciones intensas como hablar fuerte, gritar, cantar o reírse”.

En ese sentido, la funcionaria destacó que “necesitamos realmente jerarquizar las actividades de más riesgo, las actividades en lugares cerrados, por tiempo prolongado, con personas próximas, sin tapabocas” y que realizando las acciones mencionadas en el párrafo anterior, independientemente de si se presentan síntomas o no, se puede contagiar a otras personas.

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Sin embargo, ¿Cuál es el riesgo de cantar, gritar o reírse? Como es sabido, el COVID-19 es una enfermedad respiratoria que se propaga a través de las microgotas que expulsamos en el aire en cualquiera de las acciones que impliquen realizar un ruido con la boca.

En base a esto, es posible afirmar que cuando una persona infectada tose o estornuda, las microgotas portadoras del virus pueden caer en la nariz, en la boca de otra persona o simplemente ser inhaladas.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, si una persona toca una superficie o un objeto que tenga partículas virales y luego se toca la boca, la nariz o los ojos, puede contraer la enfermedad. La duración exacta del virus activo en una superficie depende de una gran cantidad de factores, como pueden ser la temperatura, la humedad o el tipo de superficie circundante.

De la misma manera, los CDC hacen un cálculo aproximado de cuantas partículas virales puede emitir una persona contagiada cuando realiza un intercambio con otro que no está enfermo. Para establecer un parámetro en el cual pueda producirse la transmisión y así lograr reducir la exposición al riesgo de los ciudadanos.

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A partir de esto, afirman que la respiración normal tiene una carga aproximada de 20 vp por minuto, mientras que al hablar se lanzan aproximadamente unas 200 vp por minuto. No obstante, el número puede variar según el tono de voz, es decir que si una persona habla muy alto o incluso grita, la cantidad de partículas virales que expulsa por la boca es proporcional a ello.

Respecto a las microgotas que propagan el virus, un estudio publicado en la revista PNAS midió con láser la cantidad de microgotas que salen expulsadas al hablar. Los participantes  del estudio debían pronunciar la frase Stay healthy -“Mantente sano”, en español- a tres niveles de volumen distintos.

El láser, que registraba la cantidad de microgotas, recogió 347 destellos cuando la frase era gritada y 227 cuando la decían en un tono moderado. En base a esto, los autores del trabajo concluyeron que también “existe una probabilidad sustancial de que el habla normal provoque la transmisión del virus en el aire en entornos confinados”.

Además, la otra actividad que implica un alto riesgo de contagio, es el canto, ya que se eleva el tono de voz. Es más, el pasado 17 de marzo, los 61 integrantes de un coro de Washington, Estados Unidos, se reunieron en un espacio cerrado para ensayar. Uno de ellos estaba infectado y contagió por lo menos a 32, de los cuales tres fueron hospitalizados y  otros dos fallecieron.

Como se dijo siempre desde el Gobierno Nacional, el modo más eficaz para prevenir el contagio es el del distanciamiento social. En tanto, especialistas recomiendan mantener una distancia de 1,8 metros de otras personas para minimizar la posibilidad de infección.

Más allá de esto, los expertos en salud sostienen que en este momento crucial, cuando el mundo es posible lograr ralentizar la transmisión del virus, cualquier distancia es demasiado cerca. Al eliminar todas las interacciones personales no esenciales, se colabora al achatamiento de la curva, y así poder mantener la cantidad de personas enfermas en un nivel que sea manejable para los profesionales de salud.

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