El presidente del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), Pablo Cortese, presentó su renuncia en medio de la escalada de tensión por la autorización de vacunas veterinarias importadas. La salida del funcionario, de perfil técnico y escasa exposición pública, se produjo tras una serie de cortocircuitos con laboratorios nacionales, que denunciaron competencia desleal y pérdida de participación en el mercado.
El conflicto se desató en abril, cuando el Senasa autorizó el ingreso de un lote de vacunas contra la fiebre aftosa provenientes de Brasil y aunque la operación fue avalada por el organismo, uno de los laboratorios más importantes del país remitió una carta documento reclamando presuntas irregularidades y exigiendo una investigación. La situación rápidamente derivó en un enfrentamiento público entre el sector privado y la conducción del organismo.
Durante su corta gestión, Cortese impulsó la apertura a productos importados como parte de la estrategia del gobierno de Javier Milei para reducir los costos del sector agropecuario. La política, respaldada por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, fue bien recibida por la administración libertaria, pero provocó un fuerte rechazo por parte de las cámaras empresarias.
En la Exposición Rural, Milei respaldó públicamente la apertura del mercado afirmando que “vamos a tener vacunas a mitad de precio”, mientras que Sturzenegger acusó a la industria nacional de “estafar” a los productores. Estas declaraciones pusieron en evidencia el respaldo del Ejecutivo al cambio de modelo y dejaron a Cortese en una posición políticamente vulnerable frente a la presión empresarial.
El malestar en el sector privado se materializó a través de la Cámara Argentina de la Industria de Productos Veterinarios (Caprove), que alertó que la liberalización de las importaciones pone en riesgo a una industria que emplea a más de 8.000 personas y exporta más de 100 millones de dólares anuales. Las críticas también apuntaron a la falta de reglas claras en la habilitación de productos extranjeros.

A fines de junio, el Senasa había iniciado una auditoría interna para revisar los procedimientos de ingreso de vacunas importadas y aunque los resultados del relevamiento no se difundieron, fuentes del sector lo interpretaron como una señal de que la presión política comenzaba a hacer mella en la conducción del organismo. Según trascendió, Cortese expresó en privado su descontento por la falta de respaldo institucional.
La renuncia fue aceptada de inmediato por las autoridades del Ministerio de Economía, de quien depende el Senasa tras la reorganización administrativa. Hasta el momento no se designó a su reemplazante, aunque se barajan nombres ligados al ala más ortodoxa del Gobierno, mientras que el organismo continuará con una conducción interina a cargo de funcionarios de segunda línea.
Designado en diciembre de 2024, Cortese contaba con experiencia previa en distintas áreas técnicas del Senasa, al tiempo que su salida se produce en un momento clave para la política sanitaria y comercial del país, en un sector estratégico que combina intereses públicos y privados, y que atraviesa una transformación impulsada desde la Casa Rosada.
La disputa por la importación de vacunas del Senasa
La medida que autorizó la importación de vacunas contra la fiebre aftosa fue justificada por el Gobierno como una forma de “bajar los costos” en el sector agropecuario. Sin embargo, para los laboratorios nacionales significó una competencia desleal que amenazaba su participación en el mercado.
La tensión escaló cuando una de las principales empresas del sector envió una carta documento al Senasa, en la que exigía explicaciones por la habilitación de un lote de vacunas de una firma competidora. Aunque Cortese desestimó públicamente las acusaciones, el episodio profundizó la crisis.
En ese marco, el respaldo político a la apertura por parte del presidente, Javier Milei y del ministro Sturzenegger terminó por aislar al funcionario, quien no contaba con apoyo pleno dentro del Ministerio de Economía.
Para los actores del sector privado, la continuidad de Cortese era insostenible. La falta de señales claras sobre la política de importaciones y la escalada pública del conflicto con el Ejecutivo terminaron de sellar su salida del organismo sanitario.





