miércoles, julio 24, 2024

Infodemia: desmienten tres fake news sobre las vacunas contra el COVID-19

Científicos y especialistas refutaron un video que circula por las redes sociales y WhatApp acerca de la composición de las vacunas.

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En las últimas horas un video viralizado en Instagram y cadenas de WhatsApp se difundió información falsa acerca de la composición “tóxica” de las vacunas, que fue desmentida por los científicos y especialistas que componen la plataforma CONFIAR.

La Fake News habla de supuestos daños que ocasionan compuestos que forman parte de las vacunas, como el aluminio o sales de aluminio, afirma que tienen un tipo de “mercurio tóxico” que puede causar trastornos neurológicos y afirma que las dosis pueden modificar el ADN. Todo fue desmentido.

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¿Por qué es falso que las vacunas pueden modificar el ADN?

 

  • El ADN es un compuesto orgánico llamado ácido desoxirribonucleico y es el material genético de distintos organismos. Los seres humanos están formados por conjuntos de células, que son las que componen todos los tejidos, y cada una de ellas contiene ADN. Es el que tiene las instrucciones que la célula necesita para desarrollarse y funcionar, y a su vez es responsable de transmitir dicha información a la descendencia. Todos los humanos tenemos un ADN muy similar, pero con una pequeña cantidad de diferencias suficiente para hacernos muy distintos unos de otros.

 

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  • Es importante remarcar que para la vacuna sólo se necesita el patógeno, por lo que se lo aísla eliminando de esta formulación a las células que le permitieron multiplicarse. Ni las células animales ni su ADN quedan en la formulación final. Además, el ADN no es estable ante la exposición a ciertos productos químicos y procesos, por lo que la mayor parte se destruye en la elaboración de la vacuna. Si quedase algún rastro sería en fragmentos pequeños y en muy poca cantidad. Aún así, es improbable que estos restos pudiesen interactuar con nuestro propio ADN, al igual que ocurriría con el ADN fetal en las mujeres embarazadas.

 

  • Algunas vacunas se generan mediante el cultivo del virus en células derivadas de tejido fetal aisladas, cultivadas y modificadas hace más de 40 años (Para más información, ver: https://confiar.telam.com.ar/es-falso-que-las-vacunas-contra-covid-19-se-produzcan-con-celulas-de-fetos-abortados/).

 

  • Las vacunas suelen estar hechas con el mismo patógeno contra el cual se quiere proteger, o con alguna de sus porciones. Para poder generarla, uno de los primeros pasos es  multiplicar a este patógeno, o la parte de interés, para tenerlo en grandes cantidades. Con este fin, se pueden usar células que provienen de distintos tejidos humanos o de animales como “fábricas” de estos virus. Estas células están modificadas para poder multiplicarse indefinidamente, por lo tanto no es necesario volver a recurrir a ese tejido para obtenerlas, sino que se comercializan a nivel mundial. Se llaman líneas celulares.

 

  • Las bacterias, algunos virus y hongos también tienen ADN, diferente al nuestro, y cuando nos infectan también ingresa a nuestro organismo. Nuestro sistema de defensa generalmente es capaz de combatir estos gérmenes y eliminarlos. En este proceso también destruye su ADN. 

 

  • El ADN está en las células de todos los seres vivos, incluidas las plantas. Por lo tanto,  lo consumimos a partir de cualquier alimento que provenga de un ser vivo (como carne o vegetales). También internalizamos ADN proveniente de otras personas; por ejemplo, durante el embarazo que llega ADN del feto a la sangre de la madre, o en el caso de los bebés cuando toman leche materna; incluso cuando inhalamos el polvo de la casa (que contiene células de la piel descamada).

 

 

¿Por qué es falso que el aluminio provoque daños neurológicos?

 

  • El aluminio es un metal muy poco tóxico. Esto significa que se necesita una gran exposición para generar efectos dañinos en nuestro organismo. Es un elemento abundante en el ambiente. Está presente en muchos alimentos, en productos de higiene personal que aplicamos a nuestra piel (como desodorantes) y en muchos medicamentos.

 

  • Las vacunas buscan entrenar a nuestro sistema de defensa para reconocer a los organismos que pueden enfermarnos. De esta manera, se aprende a reconocerlo, para poder combatirlo más rápidamente si nos infectamos en algún momento. Algunas vacunas utilizan en su formulación sales de aluminio, que ayudan a estimular a nuestro sistema de defensa para que reconozca al patógeno o a una porción del mismo y responda mejor. Los niveles de aluminio contenidos en estas sales son demasiado bajos como para considerarse tóxicos.

 

 

  • Varias agencias gubernamentales, basándose en estudios, establecieron para distintas sustancias las cantidades que podrían ser tóxicas. Se determinó de esta forma la cantidad máxima a la que uno puede estar expuesto, diariamente, sin que se genere ningún daño. En el caso del aluminio, la cantidad contenida en las vacunas no supera este nivel máximo. Más aún, en un estudio en el que se evaluaron los efectos adversos luego de la exposición a vacunas que contenían sales de aluminio, no se encontró que pudieran causar ningún efecto grave en humanos. Sólo se observaron algunas reacciones leves en la piel en el sitio de aplicación, lo cual suele ser frecuente en las vacunas en general.
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¿Por qué es falso las vacunas tienen un tipo de mercurio tóxico que puede causar trastornos neurológicos?

 

  • El mercurio es un elemento natural que se encuentra en el aire, el suelo y el agua. Existe en distintas formas: elemental (metálico), como tienen los termómetros o baterías y en forma de sales (como el metilmercurio y el etilmercurio). La toxicidad de este elemento en humanos varía con la forma. El metilmercurio forma parte de la cadena alimentaria de peces, animales y seres humanos. Así, a lo largo de la vida, las personas se exponen naturalmente a metilmercurio, que solamente puede ser tóxico en cantidades elevadas.

 

  • El timerosal es un compuesto antiséptico y antifúngico que contiene mercurio. Puede usarse como conservante durante la fabricación de algunas vacunas que requieren de múltiples dosis. Pero se elimina casi por completo en la etapa final de la elaboración, quedando solo restos. Asimismo, nuestro organismo es capaz de degradar el timerosal formando etilmercurio (distinto al de los termómetros y al encontrado en peces), que se puede eliminar de nuestro cuerpo.

 

 

  • Las vacunas que usan timerosal como conservante, lo tienen en un 0.01%, que equivale al mercurio encontrado (como metilmercurio) en aproximadamente 100 gramos de una lata de atún. El metilmercurio, proveniente del atún, tarda más tiempo en eliminarse del organismo que el etilmercurio proveniente del timerosal.

 

  • En la década de 1990 comenzó a circular una hipótesis que afirmaba que las vacunas que contenían timerosal podían ocasionar la acumulación de mercurio en los infantes, lo que generaba daños o trastornos neurológicos al superar los límites recomendados para el metilmercurio. Sin embargo, este tipo de mercurio que sí puede ser neurotóxico, no es el que está presente en el timerosal.

 

  • En línea con esta hipótesis, se publicó un trabajo en 1998 que relacionaba a la utilización de timerosal con la causa del autismo en infantes y el mismo tuvo muchísima repercusión. Debido a la presión social, y sin evidencias científicas suficientes, el ente regulatorio de EE. UU. (FDA) y los de otros países, por cautela ordenaron evitar la utilización del timerosal en la mayoría de las vacunas. Efectivamente, el timerosal se eliminó de casi todas las formulaciones y así y todo, los índices de autismo continuaron en alza. En la actualidad, pocas vacunas que se aplican en niños contienen timerosal.

 

 

  • En 2010, por las alegaciones del Consejo Médico General de Gran Bretaña, la revista británica que publicó este famoso trabajo de 1998 reconoció que el mismo no estaba realizado correctamente y que los datos no eran válidos. El trabajo fue retractado y el médico que dirigió el estudio perdió su licencia porque se demostró el origen fraudulento de la publicación.

 

  • Después de décadas de estudios que intentaron probar si el timerosal explicaba la neurotoxicidad encontrada en infantes o el desarrollo de trastornos neurológicos, no hay ninguna evidencia científica que lo demuestre. Sin embargo, el impacto de ese famoso trabajo fue tal que surgieron movimientos anti-vacunas a nivel global que aún hoy, 10 años después de retractado el trabajo, continúan sosteniendo estas teorías infundadas.

 

 

  • La vacunación es luego de la potabilización del agua, el hito sanitario que más vidas ha salvado en el mundo a lo largo de la historia de la humanidad. Es un componente clave de la atención primaria de la salud y es crítica para la prevención y el control de enfermedades infecciosas. Actualmente existen vacunas para prevenir más de 20 enfermedades graves, evitando la muerte de 2 a 3 millones de personas por año. La vacunación es un acto colectivo que te protege a vos y a los demás.

 

 

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