El presidente de la Nación, Javier Milei y la Ministra de Relaciones Exteriores, Diana Mondino, preparan una ofensiva diplomática contra Nicolás Maduro para aislar a Venezuela de los organismos de integración y cooperación de la región con una serie de instrumentos y acciones para generar presión a través de los foros internacionales.
En concreto, la Cancillería solicita desde marzo que el chavismo otorgue un salvoconducto para que los refugiados en la embajada de Caracas puedan salir del país de forma segura, pero Maduro rechazó esa posibilidad y en consecuencia, Mondino impulsa una especie de aislamiento regional a Venezuela. Una postura que la Canciller planteó en la última reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y que llevará a la cumbre del Consenso de Brasilia que tendrá lugar en los próximos días.
Una línea similar será la que postule la Cancillería en el Consenso de Brasilia, un espacio que agrupa a todos los países de América del Sur en reemplazo de la Unasur. La semana pasada, Mondino instruyó a su equipo para que presenten una “cláusula democrática” con el objetivo de expulsar a los representantes de Maduro del espacio. La propuesta se debatirá en la próxima reunión del 20 de septiembre.
A fines de agosto, la Canciller dio un duro discurso contra Venezuela en la CELAC donde apeló a la Convención de Caracas sobre Asilo Político de 1954, una clausula democrática que garantiza la figura del salvoconducto. “Reiteramos nuestro pedido para que el régimen de Venezuela entregue los mismos”, indicó.

El Gobierno nacional cuenta con el apoyo de Paraguay, Uruguay, Chile y Perú. En tanto, Brasil agradeció la propuesta y prometió estudiarla. Sin embargo, hay dudas sobre qué posición tomará Bolivia al respecto. Esta movida implica una especie de emboscada contra el gobierno “bolivariano”, ya que si Venezuela se opone a la cláusula democrática, será una forma implícita de aceptar el fraude.
Al mismo tiempo, Mondino diseña una ofensiva diplomática contra Venezuela en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), que se hará a finales de mes en Nueva York, y desde donde está previsto que hable el presidente Javier Milei. El objetivo es reforzar la condena contra Maduro y la expulsión de su “regimen” de todos los foros relevantes del sistema internacional.
Cómo comenzó el conflicto entre Milei y Maduro
Este fin de semana, la tensión entre Argentina y Venezuela países volvió a recrudecer debido al asedio de Maduro sobre la embajada argentina en Caracas, que desde agosto quedó bajo resguardo de Brasil y donde hay refugiados seis dirigentes de la líder de la oposición, María Corina Machado.
Vale precisar que, la Embajada argentina en Caracas quedó bajo custodia de Brasil desde agosto, luego de que el gobierno chavista expulsara a los diplomáticos argentinos bajo el argumento de una injerencia en los asuntos internos. El principal motivo radica en el desconocimiento de Argentina sobre los resultados electorales del 28 de julio que dieron como ganador a Nicolás Maduro, sobre el candidato de la oposición, Edmundo González Urrutia, ahora exiliado.

En concreto el sábado por la noche, un grupo de patrullas del Sebin, fuerza de seguridad del Estado bolivariano, rodearon la sede diplomática de Argentina y presionaron al gobierno de Lula Da Silva, para que sus representantes abandonen la sede diplomática que tienen bajo custodia. El operativo no dio resultado y el hostigamiento menguó con la noticia de que el ex candidato a la presidencia, Edmundo González Urrutia se exilió en España.
Luego del pedido de detención a Maduro que promueve el Gobierno de Milei, el líder del chavismo tomó la decisión de revocar el “beneplácito” otorgado a Brasilia para ejercer la representación de los intereses de Argentina en territorio venezolano. Este gesto obtuvo un repudio inmediato y generalizado, tanto en la región como en el resto del mundo.
Chile, Uruguay, Paraguay y España salieron rápidamente a condenar la decisión a través de comunicados. Brasil también hizo lo propio, al exigir que se respete la Convención de Viena. El gobierno brasileño recibió con sorpresa la comunicación y advirtió que custodiará los intereses argentinos “hasta que el gobierno argentino indique”.





