Pese a cultivar un perfil territorial, el senador bonaerense de Fuerza Patria, Emmanuel González Santalla terminó llevándose el papel principal de la disputa palaciega a la que el peronismo bonaerense trasladó su interna.
Después de asumir por la comisión de la discordia, González Santalla salió del Salón Dorado del Senado con una bufanda colorida que rompía con el negro monocorde que eligió para vestirse.
La bufanda tenía historia: fue tejida a mano por Malena Galmarini.
El dato sería apenas un chusmerío de pasillo si no fuera porque Galmarini quedó en el centro de toda esa novela.
Fue Verónica Magario quien la ungió al frente de ACA para desafiar al kirchnerismo y luego se fue al mazo. En el entorno de la dirigente massista aseguran que nunca pidió ese lugar.
La semana pasada durante la reunión constitutiva de la comisión de Modernización del Estado, a Galmarini se la vio sentada con un tejido entre manos.
La imagen generó desconcierto.

“La mayoría de los varones se creen que una mujer no puede tejer y prestar atención a la vez”, responden en clave de género desde el entorno de la dirigente del Frente Renovador.
Pero nadie leyó sólo eso.
En la Legislatura, el peronismo bonaerense desde diciembre pasado quedó atrapado tejiendo y destejiendo su interna.
Primero, Galmarini iba a quedarse con Legislación General, después con ACA y terminó en Reforma Política y con la vice de Cámara del Frente Renovador.
En el massismo aseguran que Malena volvió a ceder “en pos de la unidad”. No es la primera vez que lo dicen.
Por estas horas, el Senado bonaerense atraviesa otra interna por los lugares de las vice. En el massismo la quieren a Malena en la segunda y que la kicillofista Ayelén Durán baje a la cuarta. No hay acuerdo.
Hace seis meses que Verónica Magario no convoca a una sesión ordinaria. Todavía ni un solo proyecto presentado en 2026 tomó estado parlamentario.
Mientras tanto, la Cámara de Diputados enfrenta su propia tormenta: con peleas por los fondos municipales, con una sesión especial opositora convocada y más internas.

La bufanda se volvió una metáfora de la Legislatura.
Y del peronismo: roto, encerrado y desconectado. Cada vez más parecido a lo que critica.
Por eso, bien hizo Malena tejerle esa bufanda a Santalla.
No sólo por el color de que debe tener un festejo.
Sino porque en el largo invierno peronista, eso es de buena compañera.





