En el marco de la segunda vuelta que decidirá al próximo presidente de la Nación entre el candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, y el postulante de la Libertad Avanza, Javier Milei, este domingo será la segunda vez en la historia argentina que un Jefe de Estado llegue a la Casa Rosada por la vía del balotaje.
Si bien Massa se alzó con el triunfo en las elecciones generales del 22 de octubre pasado con el 36,6% de los votos, no consiguió el porcentaje definido por la Constitución Nacional para ganar en primera vuelta, por lo que este 19 de noviembre realizará un “mano a mano” con la segunda fuerza más votada, la del dirigente libertario que obtuvo el 30%.
Vale recordar que, la reforma constitución de 1994 estableció en los artículos 97 y 98 de la carta magna que un presidente asume su cargo cuando su fórmula obtiene más del 45% de los votos afirmativos o por lo menos el 40% de los votos y una diferencia porcentual mayor a 10 puntos con respecto al segundo.
Previo a dicha reforma, la sociedad argentina votaba de manera indirecta, a través del Colegio Electoral, inspirada en el modelo de Estados Unidos. En base a este sistema, las fórmulas presidenciales sumaban una determinada cantidad de electores y, reunido el Colegio, la primera mayoría era proclamada vencedora y ratificada por el Congreso nacional.

A partir de 1994, se suprimió el Colegio Electoral y nació el sistema de segunda vuelta, con elección directa, con lo cual la Nación se constituyó así en “distrito único” para los comicios presidenciales. De aquí surge la institucionalización del término balotaje, cuyas condiciones para su implementación tendrían lugar en las presidenciales de 2003.
En esa ocasión, el candidato del Frente por la Lealtad/Ucedé, Carlos Saúl Ménem, obtuvo la victoria en primera vuelta con el 24,4% contra el postulante del Frente para la Victoria, Néstor Kirchner, quien obtuvo el 22,2%. El balotaje iba a tener lugar el 18 de mayo de 2003, pero “pasaron cosas”.
Menem se bajó de la contienda cuatro días antes de los comicios al argumentar que el escenario de segunda vuelta “no reunía las condiciones” para garantizar una “transparente legitimidad democrática”. En consecuencia, la Junta Nacional Electoral (JNE) ordenó proclamar a Néstor Kirchner como presidente electo.
Al conocer la decisión de su rival, Kirchner respondió: “Las encuestas que unánimemente le auguran una derrota sin precedentes permitirán que los argentinos conozcan su último rostro: el de la cobardía. Y sufran su último gesto: el de la huida“. Además, el santacruceño evaluó que la renuncia de Menem buscaba “mostrar débil y frágil al gobierno” que se inició a partir del 25 de mayo de 2003.
De esta manera el único antecedente de un balotaje presidencial en la Argentina corresponde a los comicios de 2015, cuando Mauricio Macri, al frente de la coalición Cambiemos, se impuso con el 51,34% a la fórmula que encabezada por Daniel Scioli (Frente para la Victoria), que sumó 48,66%.
El entonces Gobernador bonaerense había llegado a la segunda vuelta tras imponerse con el 37,08% de los votos, mientras que Macri, hasta ese momento jefe de Gobierno porteño, había finalizado reunido 34,15% de las adhesiones. Entre una elección y otra, el candidato de Cambiemos consiguió sumar algo más de cuatro millones de votos.
Cabe destacar que, el actual candidato presidencial de Unión por la Patria, Sergio Massa, participó de aquellos comicios bajo el partido Unidos por una Nueva Alternativa, pero no pudo alcanzar la instancia de balotaje porque quedó en tercera posición con el 21,3%, después de obtener 5.386.977 de votos.
Si bien este fue el único antecedente efectivo de un balotaje presidencial, es preciso mencionar que hubo casos de segunda vuelta en los comicios provinciales, tal es el caso Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), puesto que para alzarse en primera vuelta es necesaria la mayoría absoluta de los votos, es decir más del 50%.

En la actualidad, las otras provincias en las que la formula a gobernador pueden elegirse en un balotaje son Corrientes, Chaco y Tierra del Fuego, en tanto que el resto se consagra por mayoría simple en primera vuelta, ya sea por un voto de diferencia, como ocurre en la provincia de Buenos Aires.
Balotaje: la elección presidencial de 1973
La transición democrática tras el golpe de Estado de Juan Carlos Onganía en 1966, la autodenominada “Revolución Argentina“, trajo consigo una reforma constitucional que incluyó la modificación del Código Electoral. Se modificó el período de mandato presidencial de seis a cuatro años y se impuso un sistema de balotaje, inédito hasta entonces.
“El presidente y vicepresidente serán elegidos simultánea y directamente por el pueblo de la Nación, cuyo territorio, a ese efecto formará un distrito único. Se proclamarán electos los candidatos que obtuvieren la mayoría absoluta de los votos válidos emitidos”, establecía la nueva reforma pautada en 1972 por el entonces presidente de facto, Alejandro Lanusse.

De esta manera, se establecía la elección directa por sufragio, se requería mayoría absoluta y se dejaba librado a la ley el sistema de balotaje, cuya exigencia era sobrepasar el 50% de los votos válidos emitidos. Según protestó el justicialismo, la reforma era para aglutinar al voto antiperonista en segunda vuelta.
El 11 de marzo de 1973, el candidato Héctor Cámpora, delegado de Juan Domingo Perón en esos comicios, alcanzó el 49,5% de los votos y postergó en el segundo lugar al dirigente de la Unión Cívica Radical (UCR), Ricardo Balbín, quien tras sumar el 21% de los sufragios desistió de competir en la segunda vuelta, pese a que estaba habilitado por ley.






