Tuvo que pasar todo un verano y un otoño, dos decretos de comisiones, peleas por vicepresidencias, trifulcas por titularidades de bloques y otros tantos desencuentros legislativos conocidos y por conocerse, para que el Senado rompa una parálisis inédita para un año no electoral. Sin embargo, la audiencia parlamentaria no estuvo a la altura de las preocupaciones de los bonaerenses.
A pesar de la urgencia por sesionar, el temario del Senado para esta jornada fue cuanto menos pobre. De los 193 proyectos totales, solo 6 fueron de ley, y entre ellos había uno para declarar personalidad destacada a un escribano y para declarar Tornquist como capital del Trekking, como así también para instituir el 28 de julio como el “Dia de la Concientización sobre el Trastorno por Déficit de Atención”.
Los 187 restantes fueron todos para declarar de interés legislativos aniversarios de municipios y fiestas provinciales, y para destacar logros de deportistas, artistas y científicos. En números, el 96% de las iniciativas que fueron tratadas hoy no atendieron ninguna de las urgencias que hoy atraviesa la provincia.
Y de esos 6 de ley, además de las declaraciones ya nombradas, ninguno de los tres restantes tiene una incumbencia que se condiga con la tardanza en sesionar: la creación de un Registro Provincial de Cadáveres No Identificados, la obligatoriedad para que las empresas de transporte coloquen pictogramas en sus vehículos y la reforma al Régimen Previsional Especial para Combatientes de Malvinas.

La sesión nació de la propia presión del peronismo y de la oposición, quienes acorralaron a la titular del Senado, Verónica Magario, que tuvo que ceder y convocar a una actividad ordinaria por primera vez desde noviembre del año pasado, cuando se sancionó el Presupuesto 2026.
Debido a la falta de sesiones, que se agravó con la tardanza en integrar las comisiones, varios trámites y acciones legislativas quedaron postergadas. La más grave fue que ningún proyecto presentado este año tenía estado parlamentario, por lo que no podía ser debatido en ninguna comisión. Si bien con la sesión de esta tarde ese problema se resolvió, nada devuelve los tres meses en los que el Senado no funcionó.
A eso se suma otras cuestiones técnicas como el regreso de Diego Valenzuela, que en diciembre había pedido licencia por un ascenso al Gobierno nacional que nunca terminó llegando. La semana pasada, durante su asunción en la comisión de Asuntos Municipales, en el peronismo se quejaron de que esté en funciones pese a que nunca caducó su licencia. Su respuesta fue responsabilizar a Magario, dado que, sin sesiones, no podía oficializar su regreso a la Cámara.
La interna peronista y el reparto de cargos se hizo presente en la sesión del Senado
Claro está que todos los ojos se posaron en las designaciones en el Consejo de la Magistratura. Como si fuera un chiste de mal gusto, el Senado tampoco cumplió con esa tarea: de seis sillas, nombró solo a tres legisladores. Los dos lugares del peronismo serán definidos por Diputados, y el restante de la oposición quedará para otra sesión debido a la falta de acuerdo entre libertarios y macristas.
Mucho habla de la sesión que lo más interesante de la misma fue el fuerte intercambio vivido entre el titular del peronismo, Sergio Berni, y la propia Magario, que si bien se dio por una confusión en el pedido de licencia, en realidad sucedió por algo mucho más profundo, como lo es la interna peronista.
En esa breve discusión, el exministro de Seguridad le echó en cara a la Vicegobernadora el “desorden” del Senado. Media hora después, Berni tomó la palabra para defender a Cristina Kirchner y tirar indirectas contra Axel Kicillof, pero Magario le cortó el micrófono aludiendo a que se estaba excediendo del tiempo pautado. Entre mociones y denuncias de censura, ambas cabecillas del oficialismo sumaron otro capítulo más a su gresca personal.

De la misma forma, también se destacó el discurso del senador oficialista Mario Ishii, anticipado por este medio, quien cargó contra la oposición y también contra el kicillofismo por oponerse a tratar su pedido para declarar la emergencia sanitaria y alimentaria en la provincia de Buenos Aires. Con esas palabras, y el posterior respaldo de Berni al pedido del intendente de José C. Paz, se vio una imagen inédita: un peronismo roto, pero por primera vez, a la vista de todos. O por lo menos a la vista del vivo del Senado.
Con las dos horas y media que duró la sesión, ahora por fin en la Cámara de Senadores pueden decir que al menos activaron el recinto en una ocasión. Una sesión sin leyes beneficiosas para la mayoría de los 17 millones de habitantes de la provincia, con un oficialismo que sigue metiéndose el dedo en la llaga cada vez que puede, y con una oposición que tampoco se queda atrás si se trata de discutir cargos.





