La primera sesión ordinaria del año en el Senado bonaerense, tras más de siete meses de parálisis legislativa, dejó mucha tela para cortar. No sólo por los cruces, gritos y cortes de micrófono que protagonizó la vicegobernadora Verónica Magario en medio de su disputa con el kirchnerismo, sino también porque la oposición exhibió fisuras que terminaron reflejándose en el tablero de votación.
El tema que ubicó en veredas distintas a La Libertad Avanza, el PRO y la UCR fue un proyecto de repudio a los recortes en el régimen de subsidios al gas natural para zonas frías, impulsado por la senadora camporista Fernanda Raverta. Los libertarios fueron el único bloque que defendió la iniciativa del Gobierno nacional de recortar ese beneficio en las tarifas para 94 municipios de la provincia, que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados.
En cambio, mal que le pese, el PRO acompañó el texto promovido por Raverta y votó junto a las distintas tribus del peronismo, en parte porque 3 de 5 senadores son de un municipio que perdería el subsidio de Zona Fría si el ajuste del Ejecutivo nacionales sancionado. También lo hicieron el monobloque radical, Hechos y Unión y Libertad, que respaldaron el pronunciamiento crítico hacia la política de Javier Milei.
La escena no deja de ser llamativa. Apenas una semana atrás, gran parte de esos mismos bloques opositores había logrado coordinarse para impulsar una sesión especial por la crisis del IOMA y reunir el quórum necesario para poner contra las cuerdas a Axel Kicillof. La unidad, una vez más, demostró tener límites estrictamente pragmáticos, pese a que en una conferencia de prensa las bancadas deseroras de calle 6 habían prometido mantenerse unidos contra las políticas del Gobernador.
La votación también dejó al descubierto algunas contradicciones. Mientras el PRO bonaerense acompañó el repudio al recorte de subsidios, los diputados nacionales del partido habían votado el pasado 20 de mayo a favor del proyecto impulsado por La Libertad Avanza para modificar el régimen de Zona Fría.

El radicalismo quedó atrapado en una situación similar. Buena parte de sus legisladores nacionales contribuyó a darle media sanción a la iniciativa oficialista en el Congreso, aunque no todos. En el Senado bonaerense, la única representante boina blanca, la suarense Nerina Neumann, se pronunció en sentido contrario.
Quien buscó explotar políticamente esas diferencias fue Raverta. La senadora solicitó que la votación fuera nominal, es decir, a viva voz y de manera individual. La maniobra tenía un destinatario evidente: el senador e intendente de licencia de Mar del Plata, Guillermo Montenegro, que terminó votando a favor del repudio promovido por su histórica adversaria política en lo que a elecciones a intendente se trata.
“En el Congreso pasó desapercibido, pero acá en el Senado bonaerense votamos en contra para que nos puteen cuando volvemos a nuestros distritos”, admitió ante este medio una fuente del PRO, que de alguna manera también reconoció la habilidad de Raverta para exponer las contradicciones opositoras.
Del otro lado, en La Libertad Avanza no ocultaban el malestar por la decisión de sus socios circunstanciales de despegarse de la posición que habían sostenido en el Congreso.




