martes, noviembre 29, 2022

Legislatura bonaerense: la fragilidad de Kicillof y del Frente de Todos  

Kicillof esta semana volvió a admitir la impotencia política que enfrenta el Frente de Todos en la Legislatura bonaerense. Falta de muñeca con la oposición, problemas de comunicación y ausencia de una agenda propia.

Por Juan Manuel Negri (*)

La Legislatura bonaerense es ese complejo artefacto que en casi tres años de gestión Axel Kicillof nunca pudo decodificar. Con proyectos claves cajoneados, Bicamerales sin conformar, puestos de relevancia en la Justicia sin cubrir (Corte, Ministerio Público, Consejo de la Magistratura, juzgados) y designaciones demoradas, como la del Contador General, el Gobernador esta semana dejó en claro que ni siquiera encontró el botón de encendido.

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Kicillof volvió a blanquear la absoluta debilidad del Frente de Todos la Legislatura bonaerense. “No vengo a presionar a nadie, solo a pedir que las leyes importantes para nuestra provincia sean aprobadas, lo mismo que los pliegos de nuevos jueces”, dijo, casi pidiendo permiso, en conferencia de prensa. Hace un mes el Gobernador ya le había implorado públicamente “ayuda” a la oposición para destrabar la reforma del Bapro.  

El caso del elegido por Cristina Kirchner para administrar la vasta provincia de Buenos Aires es curioso. Kicillof es una suerte de paria en la Legislatura bonaerense. No tiene legisladores que le respondan de manera directa y a mitad de mandato debió entregar la cabeza de uno de los negociadores que tenía, Carlos Bianco, para beneplácito de los intendentes peronistas que alambraron el Palacio Legislativo. Si se observa en detalle, el dato marida con la “falta de política” que le achacan, desde los más cercanos, hasta los más ajenos, al Gobernador.

Se trata de un problema que Kicillof arrastra desde su llegada a la residencia de calle 6, en La Plata. Mientras todavía se familiarizaba con la residencia oficial, Juntos, que en ese entonces ostentaba la mayoría en el Senado bonaerense, lo hizo esperar hasta mediados de enero de 2020 para aprobarle su primer Presupuesto, Ley Impositiva y endeudamiento. Una calorosa bienvenida. Ese año la oposición también lo desafió al aprobarle en soledad desde el recinto de la Cámara alta 41 pliegos judiciales que había girado María Eugenia Vidal en su momento.

A propósito, la situación de incomodidad de Kicillof en la Legislatura bonaerense, contrasta con el manejo que tuvo la exgobernadora, ahora “orgullosamente porteña”, que supo encontrar la sociedad de parte del peronismo para avanzar con leyes como la reforma del Bapro, que ahora el oficialismo no puede derogar, y la que limita las reelecciones indefinidas. Vidal solía ser recibida en el Palacio Legislativo con una extensa alfombra roja, un trato digno de cualquier integrante una familia real.

La fastuosa alfombra de Vidal en la Legislatura bonaerense.
La fastuosa alfombra de Vidal en la Legislatura bonaerense.
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Es una vergüenza lo que pasa acá adentro”, masticó bronca un legislador del Frente de Todos a minutos de que terminase la quinta sesión ordinaria del Senado bonaerense, el 28 de septiembre pasado. El interlocutor se refería al poder de Juntos para definir el temario, que, por ejemplo, en esa oportunidad vetó que se avance con el proyecto de alcohol cero al volante.

En el orden del día de la Cámara alta hubo, sin contar pliegos, ni mociones de preferencia, 71 proyectos, de los cuales 52 fueron de la oposición y apenas 19 del oficialismo. En el sobre tablas, de 118, 61 llevaban firmas oficialistas y 57 opositoras. Es decir que, de 189 iniciativas, 109 fueron de Juntos y 80 del Frente de Todos. Es apenas un botón de muestra en comparación con la batería de iniciativas de peso que no encuentran consenso. Los conflictos también se expresan las comisiones de trabajo donde no se logran entendimientos ni siquiera en iniciativas por demás sensibles.

¿Sabes lo que pasa? En cada sesión nos tenemos que ir a arrodillar para que nos aprueben algunos proyectos y ellos nos tiran una pila por la cabeza”, se sinceró una alta fuente oficialista de la Cámara de Diputados, donde duermen la reforma del Bapro, la ley de Instituto Biológico y el juicio político a Julio Conte Grand, además de un conjunto de Bicamerales y dos casilleros en el Consejo de la Magistratura bonaerense, aunque en este último caso producto de la inagotable interna frentetodista.

En paralelo a la mala relación con una oposición, que también atravesó turbulencias al interior de los bloques, pero que supo obturar a Kicillof en la Legislatura bonaerense, también hay yerros propios que evidencian las dificultades, que, a esta altura, el mandatario arrastrará hasta el final de su mandato, más teniendo en cuenta que el parlamento provincial será uno de los escenarios de la “madre de las batallas”. El Gobernador no parece tener demasiado margen de maniobra en los trece meses que le quedan.

A finales de febrero de este año, antes de su tercer mensaje ante la Asamblea Legislativa, Kicillof reunió a la tropa legislativa, en Casa de Gobierno, en las que buscó contener, escuchar las críticas y encarar una nueva etapa post pandemia. Ante la repetida queja por la falta de diálogo e información al interior de los bloques peronistas, el mandatario bonaerense prometió “mejorar los mecanismos de coordinación y comunicación entre ambos poderes.

Todo quedó en el plano de las intenciones. En las bancadas del Frente de Todos se continúan escuchando los mismos reproches. “No pasó nada. Nos seguimos enterando de todo a último momento, en las reuniones de bloque hablamos, con suerte, los mismos cinco o seis y no hay una coordinación con el Ejecutivo”, confió uno de los legisladores consultados, en una mirada que atraviesa a las diferentes constelaciones. Sin embargo, no hay más sordo que el que no quiere oír.

Otra dificultad que exhibe el Frente de Todos en la Legislatura, como otro síntoma de su debilidad, es la ausencia de una agenda parlamentaria propia que brinde respuestas a las principales demandas de los bonaerenses. Los intentos por plantear temas estratégicos para la provincia de Buenos Aires son espasmódicos, aislados y protagonizados por legisladores que reniegan de la parálisis que atraviesa uno de los tres poderes del Estado.

Hace algunos años la Legislatura era la caja política más grande de la provincia, pero algo se legislaba. Ahora es sólo la caja”, evalúa un diputado peronista, en un diagnóstico que es compartido, tanto por legisladores del Frente de Todos, como por integrantes de los diferentes bloques opositores. Este 150º período de sesiones ordinarias es un ejemplo cabal de la parálisis que atraviesa la Legislatura bonaerense. Las comisiones recién comenzaron a sesionar a mitad de año y, salvo contadísimas excepciones, no lograron encontrar una dinámica de trabajo saludable. La convivencia con la oposición cada vez se vuelve más empinada.

En el ruido al interior de los bloques del Frente Todos también opera la interna de la coalición de Gobierno. Esta semana Kicillof y Máximo Kirchner almorzaron con intendentes peronistas del Conurbano bonaerense. Aunque casi no se dijo, el convite dejó un sabor amargo a los caciques. “Se fueron enojados, se plantearon varios temas, pero no hubo ninguna respuesta concreta”, ventilaron desde algunos campamentos.

Los alcaldes pasaron facturas por las demoradas partidas del Fondo de Infraestructura Municipal (FIM) en una temporada preelectoral, que fue negociado en la Legislatura bonaerense hace un año, y otra vez presentaron quejas contra uno de sus archienemigos, el ministro de Seguridad, Sergio Berni. “No tiene contacto con los secretarios locales, no hay ningún tipo de coordinación y los que ponen la cara son los intendentes”, expusieron desde el entorno de los participantes del encuentro que tuvo lugar en La Plata. El “enojo” también se materializó en versiones intencionadas sobre “corte de boleta”.

Por estas horas, la Legislatura bonaerense aguarda el ingreso del último proyecto de Presupuesto de Kicillof cuyo avance dependerá de la muñeca política de las principales espadas del Frente de Todos. No será una parada sencilla. Esta semana diputados y senadores oficialistas se reunieron con el ministro de Hacienda, Pablo López, para empezar a diseñar cómo se dará la discusión parlamentaria. En esa tertulia, un legislador de extracción intendista preguntó si estaba contemplado el FIM. El titular de la cartera económica respondió que será fruto de las “negociaciones parlamentarias”. Los proyectos están próximos a ingresar por mesa de entradas de la Cámara de Diputados bonaerense, una vez que su homónima nacional, apruebe, con cambios, la iniciativa que giró Sergio Massa.

Quedan apenas cinco semanas para que termine el período de sesiones ordinarias, mundial de fútbol mediante, y algunas más para que se cumplan los tres años de mandato de Axel Kicillof. Casi nadie en los despachos de La Plata tiene esperanzas en que la impotencia política del Frente de Todos se pueda revertir en las puertas del combate electoral. La fragilidad oficialista seguirá estando condicionada por la falta de comprensión de ese complejo artefacto que es la Legislatura bonaerense y una oposición que hará todo lo posible para seguir teniendo la llave de los recintos.

(*) El autor es director del diario digital Diputados Bonaerenses.

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